Todos los ciclos

Ciclo 9·6 clips

Principios Del Tratamiento De La Disfunción Eréctil

Clip №1. Eliminación imprescindible del miedo anticipatorio al fracaso sexual

01

Clip 9.1

Eliminación imprescindible del miedo anticipatorio al fracaso sexual

El miedo anticipatorio al fracaso sexual se forma y se consolida principalmente en el subconsciente.

Y aquí hay un aspecto fundamental.

En nuestra práctica clínica partimos del siguiente principio:

El canal de comunicación de la conciencia son las palabras.

El canal de comunicación del subconsciente es la experiencia propia.

Por eso, con palabras se puede explicar al hombre la naturaleza de su miedo. Se le puede convencer de que no hay motivos para la ansiedad.

Pero el miedo sigue existiendo en el subconsciente.

Y por eso, un acto sexual satisfactorio puede reducir el miedo al fracaso sexual mucho más que las explicaciones verbales por sí solas.

Cuanto más tiempo existe el miedo al fracaso sexual, más firmemente se consolida.

Poco a poco empieza a influir no solo en la vida íntima. Cambian la autoestima, las relaciones y el estado de ánimo.

Pero, si en cada acto sexual el hombre vuelve a tener una experiencia sexual negativa, las conversaciones por sí solas ya no bastan.

Es necesario ayudar al hombre a recuperar una vida sexual satisfactoria.

Cada acto sexual satisfactorio crea una nueva experiencia sexual positiva. Y es precisamente esta experiencia la que va debilitando el miedo consolidado.

Por eso, la eliminación dirigida del miedo anticipatorio al fracaso sexual es un componente obligatorio del tratamiento de la disfunción eréctil cuando ese miedo está presente.

Para ello, en nuestra clínica utilizamos un método que denominamos autopsicoterapia armada. Hablaremos de él con detalle en el undécimo clip de este ciclo.

El pene posee un aparato muscular liso desarrollado, cuyo estado funcional desempeña un papel fundamental en la hemodinámica de la erección.

Al igual que el corazón genera la presión sistólica en el sistema arterial, los mecanismos musculares del pene y del periné participan en la generación de una presión intracavernosa elevada.

En el punto máximo de una erección rígida, esta presión puede alcanzar entre ciento cincuenta y doscientos milímetros de mercurio e incluso superar esos valores.

Al mismo tiempo, la musculatura lisa de los cuerpos cavernosos proporciona las condiciones necesarias para el llenado sanguíneo y la oclusión venosa, mientras que la contracción de los músculos isquiocavernosos contribuye a alcanzar la máxima rigidez.

Así pues, el estado funcional de la musculatura lisa cavernosa es uno de los factores clave que determinan la calidad de la erección.

Los cambios relacionados con la edad, las enfermedades crónicas, las alteraciones del riego sanguíneo y otros factores desfavorables pueden reducir su capacidad funcional.

Por eso, el tratamiento de la disfunción eréctil no debe limitarse a potenciar temporalmente la erección mediante medicamentos.

En la medida de lo posible, es necesario restablecer la base somática de la función eréctil: mejorar el estado del sistema vascular, corregir las alteraciones metabólicas y hormonales, eliminar los hábitos nocivos y mantener la actividad funcional de los mecanismos eréctiles.

Los métodos de rehabilitación deben elegirse de forma individual, teniendo en cuenta las causas concretas de la disfunción eréctil.

Precisamente la recuperación y el mantenimiento de la base somática crean las condiciones para una mejora sostenida de la función eréctil, y no solo para la eliminación breve de sus síntomas.

02

Clip 9.2

Prevención de los efectos secundarios negativos del tratamiento

Sean cuales sean los objetivos finales de la rehabilitación funcional del complejo muscular del pene, ya se trate de normalizar la función eréctil, mejorar los indicadores de la erección o conservar la función sexual hasta los setenta u ochenta años, en todos los casos se requiere un tratamiento bastante prolongado.

En nuestra práctica clínica, estos programas de rehabilitación funcional suelen estar previstos para un mínimo de tres o cuatro meses.

En las enfermedades crónicas que deterioran constantemente la función eréctil, como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y otras, puede ser necesario repetir ciclos de tratamiento de mantenimiento.

Y, ante las secuelas de traumatismos graves de columna, a veces se necesita tratamiento de mantenimiento durante muchos años.

Además, con la edad disminuyen gradualmente las capacidades protectoras y compensatorias del organismo.

Por eso, cuanto más prolongado sea el tratamiento, mayores serán las exigencias de seguridad.

Los métodos utilizados deben proporcionar el máximo efecto terapéutico con el mínimo riesgo de consecuencias indeseables.

Cuando esté clínicamente justificado, debe darse preferencia a los métodos con una acción sistémica mínima sobre el organismo.

Esta es una exigencia fundamental. Incluso una acción sistémica relativamente débil, cuando se aplica de forma prolongada y repetida, puede aumentar el riesgo de consecuencias indeseables, incluidas las acumulativas.

Por eso, en la rehabilitación funcional prolongada, es importante tanto lograr el efecto terapéutico como evitar que el propio tratamiento cree un nuevo problema.

03

Clip 9.3

La importancia de una vida sexual regular para el tratamiento de la disfunción eréctil

La función eréctil no es el resultado del funcionamiento del pene por sí solo. La erección es el resultado integral de la interacción de los sistemas nervioso, vascular y endocrino, incluido el eje hipotálamo-hipófisis-gónadas.

El ser humano vive dentro de un sistema de ritmos biológicos y sociales recurrentes. Uno de los ritmos sociales más estables es el semanal.

Cuando existe actividad sexual regular en determinados días de la semana, el hombre puede desarrollar mecanismos psicológicos y conductuales estables de disposición sexual.

A medida que se acerca el momento habitual de la actividad sexual, en algunos hombres puede aumentar el deseo sexual, facilitarse la aparición de la excitación y formarse una disposición psicológica para el acto sexual.

Hablaremos de ello con más detalle en el ciclo número once.

Por eso, para conservar la función sexual a largo plazo, importan tanto la frecuencia de los contactos sexuales como su regularidad.

Un ritmo sexual habitual puede contribuir a mantener la confianza del hombre y a reducir la influencia de los factores de estrés circunstanciales. Sin embargo, esta regularidad debe ser natural, voluntaria y cómoda para ambos miembros de la pareja.

Cuando la vida sexual es irregular, la situación a veces es distinta. La actividad sexual se vuelve menos previsible, aumenta la influencia de los factores circunstanciales y, en algunos hombres, también la ansiedad anticipatoria ante el fracaso sexual.

Esto puede manifestarse de forma especialmente evidente en los hombres con una experiencia sexual limitada o sin una pareja estable.

También existen profesiones cuya propia organización dificulta mantener una vida sexual regular. Es el caso de los marinos de larga distancia, los tripulantes de submarinos y los militares que pasan largos períodos destinados fuera de su lugar de residencia.

También pueden darse ciertas limitaciones de la actividad sexual en las familias de los miembros del clero secular, en relación con la observancia de las tradiciones religiosas.

Examinaremos las formas de superar estas alteraciones del ritmo sexual en el ciclo número once.

Pero el principio terapéutico general es sencillo: al recuperar la función eréctil, una vida sexual regular con una pareja estable puede desempeñar un papel positivo importante.

Lo importante no es un récord sexual, sino un ritmo sexual.

04

Clip 9.4

Prioridad de la enfermedad de base en la disfunción eréctil secundaria

En algunas enfermedades crónicas, la función eréctil empeora tanto por la propia enfermedad como por los medicamentos necesarios para tratarla.

Por ejemplo, muchos medicamentos psicotrópicos utilizados en los estados neuróticos y depresivos pueden influir negativamente en la función sexual. Algunos antihipertensivos prescritos para la hipertensión arterial también pueden agravar la disfunción eréctil.

Pero hay que explicar al paciente algo fundamental: el pene no es un órgano vital.

Si el tratamiento de la enfermedad de base proporciona un resultado clínico óptimo y protege los órganos vitales, no se debe suspender ni modificar por cuenta propia para mejorar la función eréctil.

En erectología existe otro enfoque: mantener el tratamiento eficaz de la enfermedad de base y, al mismo tiempo, recuperar la función eréctil.

En otras palabras, resolver ambas tareas simultáneamente.

Hablaremos de ello en los clips diez y once.

Hay otro aspecto extraordinariamente interesante de este problema.

En diabetología es bien sabido que, con el tiempo, algunos pacientes se cansan del control constante de la glucosa y de la necesidad de un tratamiento sistemático. Empiezan a descuidar las indicaciones del médico, lo que puede tener consecuencias graves para su salud.

Al mismo tiempo, la disfunción eréctil es extremadamente frecuente en la diabetes mellitus.

Y aquí el erectólogo dispone de una herramienta psicológica adicional.

Si se demuestra directamente al paciente la posibilidad de normalizar su vida sexual mediante el método de las erecciones inducidas artificialmente, pero se establece como condición obligatoria el cumplimiento estricto de las indicaciones del diabetólogo, su actitud hacia el tratamiento de la enfermedad de base a menudo cambia considerablemente.

El miedo a perder la función sexual y el deseo de recuperarla se convierten en una motivación adicional para controlar la glucosa, seguir el tratamiento y cumplir las recomendaciones médicas.

Surge una paradoja interesante.

El deseo de normalizar la función del pene, un órgano que no es vital, puede convertirse en una poderosa herramienta psicológica para preservar las funciones de los órganos vitales.

El mismo principio puede utilizarse en la lucha contra el tabaquismo y otros hábitos nocivos.

Así pues, este enfoque no solo permite recuperar la función eréctil del hombre.

También ayuda a conservar la salud y a prolongar la vida de esposos, padres, hermanos y abuelos.

05

Clip 9.5

Conservación de la salud sexual. Normalidad. Reglas. Educación.

La salud sexual de una persona depende en gran medida de su nivel de cultura sexual.

Y la cultura sexual, a su vez, forma parte de la cultura general de la persona y de la sociedad.

Por eso, conservar la salud sexual no es solo un problema médico. También es una tarea educativa, social y, en última instancia, de alcance nacional.

Está directamente relacionada con la educación sexual, la comprensión de la fisiología de la sexualidad, los cambios relacionados con la edad y las normas jurídicas y éticas de las relaciones sexuales.

La persona debe comprender qué constituye la normalidad fisiológica, qué cambia con la edad, qué cambios requieren acudir al médico y cuáles son completamente naturales.

El desconocimiento de la normalidad a menudo se convierte por sí mismo en causa del problema.

El hombre empieza a exigirse demasiado, a compararse con su juventud, con otros hombres o con las imágenes irreales que crean la pornografía e internet.

Aparece la ansiedad. Y, después de la ansiedad, también puede aparecer la disfunción eréctil.

Por eso, en sexología existe un principio importante: paralelamente al tratamiento de la disfunción eréctil, es necesario enseñar al paciente las reglas para conservar la salud sexual y la longevidad sexual.

El paciente debe conocer las particularidades de su propia sexualidad, comprender la normalidad correspondiente a su edad, seguir las reglas del comportamiento sexual y saber mantener la actividad sexual sin miedos innecesarios ni exigencias excesivas hacia sí mismo.

La tarea del sexólogo no es solo recuperar la función perdida.

Hay que enseñar al paciente a utilizar la función recuperada y, en la medida de lo posible, a conservarla durante muchos años.

Precisamente por eso, la educación del paciente forma parte del tratamiento.

Este enfoque aumenta la eficacia del tratamiento de la disfunción eréctil, independientemente de su origen y duración.

En última instancia, la longevidad sexual no depende únicamente de las capacidades del organismo.

También depende de la sensatez con la que la persona utiliza esas capacidades.

07

Clip 9.7

Psicoterapia de pareja

La función sexual del hombre no existe de forma aislada. En una relación de pareja depende inevitablemente del clima psicológico entre ambos.

Los conflictos, el distanciamiento emocional, los reproches mutuos, la desconfianza y la desarmonía psicosexual pueden influir considerablemente en la vida sexual de ambos miembros de la pareja.

La psicoterapia de pareja es un amplio campo propio de la sexología y la psicoterapia. En él, el trabajo principal corresponde a los especialistas en psicología de las relaciones y desarmonía psicosexual de pareja.

El conocido sexopatólogo ucraniano Valentín Valentínovich Krishtal prestó gran atención al problema de la armonía sexual de la pareja.

Pero existe un aspecto de la psicoterapia de pareja que pertenece directamente a la erectología.

A veces, la mujer, de forma consciente o inconsciente, se convierte en un factor adicional en la aparición o el mantenimiento de la disfunción eréctil del hombre.

Las burlas después de un fracaso sexual, las comparaciones humillantes, la crítica constante de las capacidades sexuales del hombre, las amenazas de ruptura de la relación y las dudas expresas sobre su capacidad masculina pueden intensificar la ansiedad y el miedo anticipatorio a otro fracaso sexual.

Proponemos denominar androdestrucción a esta influencia destructiva de la pareja femenina sobre la función sexual del hombre.

En estos casos, no basta con tratar únicamente al hombre.

También es necesario trabajar con su pareja.

Es importante explicarle que la presión, los reproches y la humillación no estimulan la función sexual del hombre, sino que pueden producir el efecto contrario.

La pareja femenina debe convertirse en una aliada en el tratamiento, no en una fuente adicional de ansiedad.

El apoyo, la paciencia, dejar de evaluar cada erección y crear una situación sexual psicológicamente segura pueden facilitar considerablemente la recuperación de una vida sexual normal.

Por eso, cuando la disfunción eréctil está provocada o mantenida por la relación de pareja, el objeto de la psicoterapia ya no es únicamente el hombre.

La pareja se convierte en el objeto del tratamiento.

Y aquí se aplica un principio sencillo: si el problema se forma entre dos, a veces también hay que resolverlo entre dos.