Ciclo 8·8 clips
Principios Del Diagnóstico De La Disfunción Eréctil
Clip №1. El concepto de «paciente» en erectología
Clip 8.1
El concepto de «paciente» en erectología
El concepto de «paciente» tiene sus particularidades en erectología.
Esto se debe a que la necesidad de atención médica de un hombre no se determina únicamente por los indicadores objetivos de la función eréctil, sino también por su percepción subjetiva de sus propias capacidades sexuales.
Por ejemplo, un hombre con una constitución sexual fuerte, según la clasificación de Gueorgui Stepánovich Vasílchenko, puede experimentar una marcada insatisfacción con unos indicadores de la erección con los que otro hombre, de constitución sexual débil, se siente en la cima del bienestar sexual.
Naturalmente, el primero acude al sexólogo con sus quejas, mientras que el segundo ni siquiera se plantea la necesidad de atención médica.
Y aquí surge una pregunta fundamental: ¿a quién debemos considerar paciente en erectología?
¿Al hombre que experimenta malestar sexual, no está satisfecho con la calidad de su erección y necesita una mejora sostenida de esta?
¿O al hombre que está plenamente satisfecho con su vida sexual, pero que, en determinadas circunstancias, desearía potenciar aún más sus capacidades sexuales?
En nuestra opinión, existe una diferencia fundamental entre estas situaciones.
En el primer caso, se trata de un paciente que necesita un diagnóstico y, cuando esté indicado, tratamiento de la disfunción eréctil.
En el segundo, se trata de un hombre con bienestar sexual que está interesado en ampliar sus propias capacidades sexuales, no en tratar una enfermedad.
En este contexto adquiere especial importancia el miedo anticipatorio al fracaso sexual. Su presencia puede convertir incluso un ligero debilitamiento de la erección en un problema psicológico serio.
Por eso, en nuestra práctica clínica, uno de los criterios más importantes para distinguir estos estados no es el deseo de potenciar la erección en sí, sino la presencia de malestar sexual y de miedo anticipatorio al fracaso.
En erectología debe tratarse la alteración que impide al paciente sentirse sexualmente pleno.
Y a los hombres que no presentan quejas persistentes sobre su función eréctil, pero que en determinadas situaciones sienten la necesidad de potenciar la erección, se les puede recomendar, cuando exista indicación médica, el uso puntual de erectógenos: medicamentos del grupo de los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo cinco, como el sildenafilo, en régimen a demanda, es decir, cuando se necesiten.
Clip 8.2
El tacto
Hay problemas médicos de los que a una persona le resulta difícil hablar incluso con sus seres queridos.
La salud sexual es precisamente uno de esos ámbitos. Por eso, para nosotros la confidencialidad no es una formalidad.
Forma parte de la ética profesional. El paciente debe sentirse tranquilo.
Debe saber que no se le juzgará, no se le humillará ni se le apresurará.
En la clínica «Liga», el tacto no es un adorno del servicio.
Es una condición necesaria para el tratamiento.
El anonimato absoluto del paciente es uno de los principios obligatorios de nuestro trabajo.
Clip 8.3
Cuidar el presupuesto del paciente: el «principio de Cochrane»
En la actualidad, los seguros médicos prácticamente no cubren el tratamiento de la disfunción eréctil en ningún país. Por eso, cuidar el presupuesto del paciente adquiere una importancia especial.
En nuestra clínica seguimos el «principio de Cochrane», que dice:
Antes de realizar un procedimiento diagnóstico concreto, responde a la primera pregunta: ¿qué harás si obtienes un resultado positivo en esta prueba? Después, responde a la segunda: ¿qué harás si obtienes un resultado negativo?
Si las respuestas a la primera y a la segunda pregunta coinciden, no se realiza ese procedimiento diagnóstico.
Así, el principio de Cochrane protege el presupuesto del paciente frente a pruebas médicas innecesarias.
Una comprensión profunda de la patogenia de la disfunción eréctil también permite evitar gastos injustificados al paciente. Por ejemplo, cuando las posibilidades de diagnóstico de laboratorio son limitadas, unos indicadores normales de la espermatogénesis pueden servir como orientación adicional al evaluar el estado hormonal.
No tratamos resultados de análisis. Los análisis ayudan al médico a tomar decisiones.Pero a quien hay que tratar es a la persona.A veces, una sola conversación proporciona al médico más información que una decena de pruebas.
Clip 8.4
Enfoque interdisciplinario en el diagnóstico
La disfunción eréctil no es una enfermedad independiente, sino un síntoma que puede tener distintas causas. Por eso, la principal tarea del médico no es simplemente recuperar la erección, sino comprender por qué se ha alterado.
El diagnóstico moderno se basa en el principio de buscar la causa de forma secuencial.
Ante todo, el médico conversa detenidamente con el paciente. A menudo, ya durante la conversación, puede sospecharse si la alteración de la erección está relacionada con factores psicológicos, enfermedades vasculares, cambios hormonales, lesiones del sistema nervioso, la toma de medicamentos u otras causas.
A partir de la conversación, el médico plantea varias de las hipótesis diagnósticas más probables, que después confirma o descarta de forma dirigida.
La siguiente etapa es la exploración general y sexológica del paciente.
Cuando es necesario, se utilizan métodos específicos para estudiar el riego sanguíneo del pene, su inervación y otros mecanismos de la erección.
Cuando está indicado, se solicitan pruebas de laboratorio y se evalúan el estado hormonal, el metabolismo y el sistema cardiovascular.
Dado que las causas de la disfunción eréctil pueden ir más allá de una sola especialidad médica, cuando es necesario participan en el diagnóstico cardiólogos, endocrinólogos, neurólogos, psiquiatras y otros especialistas.
Es importante comprender que no todos los pacientes necesitan un conjunto completo de pruebas. El alcance del estudio diagnóstico se determina de forma individual. Un médico competente solo solicita aquellas pruebas cuyos resultados realmente ayuden a determinar la causa del trastorno y a elegir la estrategia terapéutica óptima.
Precisamente por eso, el tratamiento eficaz de la disfunción eréctil comienza con un diagnóstico correcto, no con pastillas.
Clip 8.5
La trampa de la hiperpsicologización
La disfunción eréctil a menudo se desarrolla después de que el paciente haya sufrido estrés. Al acudir a un psicólogo, la alteración de la erección suele atribuirse a trastornos neuróticos.
Muy a menudo, el hombre escucha: «Todo está en su cabeza».
En consecuencia, se inicia un tratamiento psicoterapéutico, a veces con la prescripción de antidepresivos y erectógenos a demanda. Con frecuencia, sin éxito.
El problema es que el estrés no siempre es la única causa de la alteración de la erección. A menudo, el estrés sufrido actúa como desencadenante que pone de manifiesto alteraciones somáticas de la función eréctil que antes permanecían ocultas.
La ausencia de formación médica no permite al psicólogo descartar por sí solo las causas vasculares, hormonales, neurológicas y farmacológicas del trastorno.
Y, si el psicólogo ignora la necesidad de un diagnóstico médico, se encierra a sí mismo y al paciente en la trampa de la hiperpsicologización de la patogenia de la disfunción eréctil.
Al mismo tiempo, cuando no existen alteraciones somáticas, algunos pacientes pueden recuperar por sí mismos una vida sexual plena una vez eliminado el estrés.
Siempre debemos recordar que el cerebro desempeña un papel enorme en la función sexual. Pero la respuesta sexual es el resultado del trabajo conjunto del cerebro, los vasos sanguíneos, el sistema nervioso, las hormonas y el propio pene.
Por eso, ante alteraciones de la erección posteriores al estrés, se debe acudir a sexólogos que dominen los métodos de diagnóstico psicosexual y de psicoterapia, o a psicólogos que trabajen en estrecha colaboración con médicos de las especialidades correspondientes.
Clip 8.6
La importancia de la experiencia del paciente al evaluar la calidad de la erección
Durante el diagnóstico de la función eréctil, el médico debe evaluar cuidadosamente la experiencia sexual y el nivel de cultura sexual del paciente.
Los hombres con una amplia experiencia sexual, que dominan distintas técnicas sexuales, a menudo pueden realizar satisfactoriamente el acto sexual incluso con una erección debilitada.
Debido a ello, algunos desarrollan una valoración subjetiva excesivamente elevada de su propia función eréctil.
Por eso, durante la entrevista médica, los hombres experimentados a veces tienden a minimizar la intensidad de las alteraciones de la erección que presentan.
Y, a la inversa, los hombres con una experiencia sexual limitada pueden atribuir sus fracasos sexuales a una erección insuficiente sin tener en cuenta el papel de sus propias habilidades sexuales.
Como resultado, algunos desarrollan una valoración subjetiva demasiado baja de la calidad de su propia erección.
Así pues, la experiencia sexual del paciente puede influir considerablemente en la fiabilidad de su valoración subjetiva de la función eréctil.
Por eso, el médico debe evaluar tanto las quejas del paciente como su experiencia sexual, comparando las sensaciones subjetivas con los datos objetivos de la exploración.
Clip 8.7
Orientación hacia las valoraciones subjetivas del paciente
El tratamiento de la disfunción eréctil no siempre está cubierto por los seguros médicos. Al mismo tiempo, la evaluación del resultado final del tratamiento tiene sus particularidades.
En erectología existen métodos objetivos para estudiar la función eréctil. Sin embargo, sus indicadores no siempre reflejan la valoración subjetiva de la calidad de la erección ni el grado de satisfacción sexual del paciente.
Por eso, ya en la fase diagnóstica, el médico debe conversar detenidamente con el paciente sobre los resultados esperados del tratamiento, acordar objetivos realistas y, cuando sea necesario, corregir las expectativas excesivas.
La evaluación por separado de la calidad de la erección por ambos miembros de la pareja proporciona información adicional. Por ejemplo, durante una consulta de pareja se puede proponer a cada uno que evalúe de forma independiente la calidad de la erección en una escala de cien puntos. Comparar estas valoraciones permite obtener una imagen más completa de la función sexual del hombre.
A lo largo de cuarenta años de práctica clínica hemos observado una tendencia curiosa. Según nuestras observaciones, las parejas femeninas de los hombres no circuncidados valoraban la calidad de la erección de estos, por término medio, un diez por ciento por debajo de la valoración de los propios pacientes.
En el caso de los hombres a los que se les había circuncidado el prepucio en la infancia, la diferencia entre las valoraciones era de entre el veinte y el veinticinco por ciento.
La subjetividad de las valoraciones exige que el médico y el paciente armonicen sus criterios sobre la calidad de la erección.
Para ello, en nuestra clínica, cuando existen las indicaciones correspondientes, se realiza una calibración diagnóstica conjunta de las valoraciones durante una erección inducida artificialmente según el método de Ronald Virag.
Este procedimiento permite al paciente y al médico comparar sus percepciones subjetivas con las características observadas de la erección, aunque una erección inducida artificialmente no reproduce por completo la respuesta sexual natural.
Tras treinta y cinco años realizando estas calibraciones, en nuestra clínica hemos llegado a la firme convicción de que los pacientes cuyo prepucio fue circuncidado antes de su formación psicosexual tienden a sobrevalorar subjetivamente la calidad de sus erecciones, por término medio, entre un quince y un veinticinco por ciento, y sitúan en primer plano las quejas de eyaculación precoz. Véase el clip número catorce.
Al mismo tiempo, el objetivo terapéutico no debe definirse por el afán de alcanzar a cualquier precio unos indicadores erectológicos ideales, sino por las necesidades reales de cada paciente, sus posibilidades y su propia concepción del bienestar sexual.
Clip 8.8
Situaciones extraordinarias en la primera consulta
En la práctica del sexólogo a veces se presentan situaciones extraordinarias que requieren especial prudencia y decisiones fuera de lo habitual.
La primera de ellas está relacionada con traumatismos graves del pene, que pueden llegar a su amputación parcial o total.
Ante una amputación traumática reciente, el paciente necesita atención quirúrgica de urgencia, preferiblemente en un centro especializado con experiencia en reimplante microquirúrgico del pene.
En los traumatismos antiguos y las lesiones irreversibles, el paciente debe ser derivado a centros especializados en urología reconstructiva con experiencia en faloplastia, incluida la construcción de un pene en hombres transgénero.
Otra situación no menos seria está relacionada con posibles trastornos psicóticos.
A veces, las quejas sexuales son el motivo de la primera consulta médica del paciente, aunque detrás de ellas pueden ocultarse manifestaciones de esquizofrenia u otros trastornos del espectro psicótico.
Merecen especial atención los pacientes con vivencias delirantes, en particular con el llamado delirio de haber sido objeto de un maleficio.
En estos estados existe el riesgo de que la figura del sexólogo quede incorporada al sistema delirante del paciente. A veces, una palabra imprudente o un procedimiento diagnóstico malinterpretado pueden pasar a formar parte de las creencias patológicas del paciente, hasta el punto de pensar que fue precisamente el médico quien le causó daño.
Es necesario recordar que estos riesgos vienen determinados por el estado mental concreto del paciente, no por el diagnóstico de esquizofrenia en sí.
Por eso, ya en la primera consulta, el sexólogo debe prestar atención a los posibles signos de psicosis: las particularidades del pensamiento, del habla y del comportamiento, el contenido de las quejas y los datos de la historia clínica.
Cuando sea necesario, se puede obtener información adicional de las personas acompañantes, respetando el secreto médico y el consentimiento del paciente.
Si se sospecha un trastorno psicótico, es necesario organizar una consulta con un psiquiatra, preferiblemente con experiencia en sexología clínica.
La regla principal es reconocer a tiempo una situación que exceda las competencias del sexólogo y derivar al paciente a un especialista capaz de proporcionarle la ayuda necesaria.