Ciclo 13·6 clips
Disminución Y Ausencia Del Deseo Sexual (Hipolibidemia Y Alibidemia)
Clip №1. ¿Por qué desaparece el deseo sexual?
Clip 13.1
¿Por qué desaparece el deseo sexual?
¿Por qué una persona que antes experimentaba un fuerte deseo sexual pierde gradualmente el interés por la vida sexual?
Puede haber muchas causas, pero una de las más frecuentes en la práctica sexológica es la desarmonía sexual de la pareja.
El deseo sexual tiene una característica interesante: no solo impulsa a la persona a la intimidad sexual, sino que también puede mantenerse gracias a una vida sexual regular y satisfactoria.
Aquí resulta apropiada la analogía con el conocido refrán: «El apetito viene comiendo».
Pero también existe la relación inversa: «El apetito se va pasando hambre».
Cuando la intimidad sexual proporciona placer, mantiene el deseo de repetir esa experiencia. Y, a la inversa, una ausencia prolongada de satisfacción, el distanciamiento emocional y la desarmonía sexual pueden debilitar gradualmente el deseo sexual.
Se forma una especie de círculo vicioso: cuanto menos satisfactoria es la vida sexual, menos aparece el deseo de intimidad. Y cuanto menos frecuente es la intimidad, menos estímulos emocionales positivos quedan para mantener el interés sexual.
Por supuesto, esto no es una ley universal. En algunas personas, el deseo sexual se mantiene incluso durante una abstinencia prolongada.
Pero en la práctica sexológica observamos con frecuencia precisamente esta relación.
El deseo sexual mantiene la vida sexual y una vida sexual satisfactoria, a su vez, mantiene el deseo sexual.
Por eso, ante una disminución de la libido, es importante no solo buscar enfermedades o alteraciones hormonales, sino también averiguar hasta qué punto la persona está satisfecha con su vida sexual y con la relación con su pareja, y con qué regularidad mantiene relaciones sexuales.
Clip 13.2
Testosterona y libido: mitos y realidad
En la medicina actual está muy extendida la idea de que la disminución del deseo sexual en los hombres está relacionada, ante todo, con una falta de testosterona.
Sin embargo, esto no siempre es así.
La testosterona desempeña, efectivamente, un papel importante en la formación de la libido masculina. Un déficit importante de esta hormona puede debilitar considerablemente el deseo sexual.
Pero el deseo sexual es una función mucho más compleja que una simple dependencia de la concentración de una sola hormona en la sangre.
En nuestra práctica clínica hemos observado repetidamente a hombres con valores normales de testosterona, pero con una disminución importante de la libido.
Y, a la inversa, con una disminución moderada de la testosterona, el deseo sexual a veces se mantiene en un nivel bastante alto.
Tienen especial importancia el estado psicoemocional del hombre, la satisfacción con su propia función sexual y la armonía de la relación con su pareja.
También existen verdaderas causas endocrinas de hipolibidemia, entre ellas un déficit importante de testosterona y una elevación patológica de la prolactina. Es necesario detectarlas a tiempo.
La normozoospermia, es decir, unos parámetros normales del líquido seminal, excluye en la práctica la presencia de alteraciones hormonales significativas, por lo que puede servir como criterio para prescindir de una evaluación endocrina detallada.
Por eso, no es correcto solicitar numerosos análisis costosos sin suficientes fundamentos clínicos.
La tarea principal del sexólogo es establecer la verdadera causa de la disminución del deseo sexual, en lugar de buscar automáticamente una falta de testosterona en cada paciente.
Precisamente este enfoque permite evitar exploraciones innecesarias, diagnósticos erróneos y tratamientos injustificados.
Clip 13.3
Testosterona sin indicación: un juego peligroso con las hormonas
Hoy en día, los preparados de testosterona se anuncian con frecuencia como medios para aumentar el deseo sexual, recuperar la potencia masculina e incluso conseguir un rejuvenecimiento sexual.
Sin embargo, no todos los hombres que experimentan una disminución de la libido necesitan tratamiento hormonal.
Además, el uso injustificado de testosterona puede tener consecuencias directamente opuestas a las esperadas.
La producción de testosterona propia está regulada por un complejo sistema de retroalimentación entre el hipotálamo, la hipófisis y los testículos.
Cuando la testosterona entra en el organismo desde el exterior, el cerebro recibe una señal de que hay una cantidad suficiente de la hormona y reduce la estimulación de su producción natural.
Como resultado, se suprime la producción propia de testosterona y, junto con ella, puede alterarse considerablemente el proceso de formación de los espermatozoides.
En determinados casos, esto provoca la interrupción completa de la espermatogénesis y el desarrollo de una infertilidad temporal o, a veces, persistente durante mucho tiempo.
Después de suspender los medicamentos, la función hormonal propia se recupera gradualmente en muchos hombres, pero este proceso puede durar meses y, a veces, mucho más.
Así, el hombre que intenta aumentar por su cuenta el deseo sexual mediante andrógenos corre el riesgo de desarrollar alteraciones graves de las funciones hormonal y reproductiva.
Son especialmente peligrosos la automedicación, el uso de hormonas sin control y la prescripción de testosterona sin indicaciones médicas confirmadas.
La testosterona no es un estimulante universal del deseo sexual, sino un medicamento que requiere una prescripción justificada y control médico.
Recuerden: el tratamiento hormonal debe eliminar una enfermedad establecida, no crear una nueva.
Clip 13.4
Cuando el deseo de tener un hijo mata el deseo sexual
Parecería que el deseo de una pareja de tener un hijo debería favorecer una vida sexual activa.
Sin embargo, en la práctica sexológica observamos a veces una situación directamente opuesta.
En las parejas que tienen dificultades para concebir, la intimidad sexual va perdiendo gradualmente su contenido emocional original.
Se produce una especie de sustitución de la motivación: la función recreativa del acto sexual, orientada a obtener placer, cede el lugar a la procreativa, al deseo de concebir un hijo.
El sexo deja de ser una fuente de placer y se convierte en una obligación que debe cumplirse en días estrictamente determinados del ciclo menstrual de la pareja.
El hombre se encuentra en una situación en la que se le exige una erección garantizada, con independencia de su propio deseo sexual y de su estado emocional.
Aparece tensión psicológica y se forma la ansiedad anticipatoria ante el fracaso sexual.
Y, si el fracaso realmente ocurre, los intentos posteriores suelen acompañarse de una ansiedad aún mayor.
La situación puede agravarse considerablemente por las críticas de la pareja, las acusaciones mutuas y los conflictos.
Poco a poco, el hombre empieza a percibir la próxima relación sexual como una especie de examen que está obligado a aprobar, en lugar de como un placer.
Como resultado, pueden desarrollarse tanto alteraciones de la erección como una disminución importante del deseo sexual, hasta llegar a la hipolibidemia y la alibidemia.
En estos casos, la psicoterapia desempeña un papel importante, incluidos los métodos de autopsicoterapia «armada», dirigidos a superar la ansiedad y recuperar la confianza sexual.
La tarea principal es devolver a la intimidad sexual su contenido natural: deseo mutuo, cercanía emocional y placer.
Porque las funciones recreativa y procreativa del acto sexual deben coexistir en armonía, sin sustituirse mutuamente.
Clip 13.5
Libido masculina y femenina: similitudes y diferencias
El deseo sexual en hombres y mujeres se forma bajo la influencia de mecanismos biológicos y psicológicos en gran medida similares.
Sin embargo, también existen determinadas diferencias en sus manifestaciones.
En los hombres, el deseo sexual suele estar estrechamente relacionado con la confianza en su propia función eréctil. Los fracasos durante el acto sexual pueden generar ansiedad y reducir gradualmente el interés por la intimidad sexual.
En las mujeres, el deseo sexual suele depender en mayor medida del estado emocional, de la calidad de la relación de pareja y del contexto psicológico de la intimidad.
Sin embargo, estas características no son universales. Las diferencias individuales entre las personas suelen ser más importantes que las diferencias entre los sexos.
En la práctica sexológica se dan situaciones en las que la aparente ausencia de interés sexual no significa en absoluto una verdadera disminución de la libido.
A veces, rechazar la intimidad se convierte en una expresión de resentimiento, de descontento con la pareja o en una forma de influir en su comportamiento.
En estos casos, estamos ante las particularidades de la relación de pareja más que ante una alteración del deseo sexual.
Este comportamiento puede encontrarse tanto en mujeres como en hombres.
Por eso, la tarea del sexólogo consiste no solo en valorar la intensidad del deseo sexual, sino también en averiguar los verdaderos motivos del comportamiento sexual de cada miembro de la pareja.
No todo rechazo del sexo significa ausencia de deseo sexual. Y no toda disminución de la actividad sexual indica hipolibidemia.
Precisamente comprender estas diferencias permite evitar diagnósticos erróneos y elegir la estrategia de ayuda adecuada.
Clip 13.6
La libido: espejo de la salud física y mental
El deseo sexual es una de las funciones más complejas del organismo humano.
No nace en un único órgano ni está determinado exclusivamente por la concentración de hormonas sexuales en la sangre.
En la formación de la libido participan el cerebro, los sistemas endocrino y nervioso, los procesos emocionales y las características de la relación entre los miembros de la pareja sexual.
Por eso, la disminución del deseo sexual puede tener causas muy diversas.
A veces está relacionada con la desarmonía sexual de la pareja, el distanciamiento emocional, el estrés crónico o la insatisfacción con la propia potencia sexual.
En otros casos, la causa puede ser una alteración hormonal, una enfermedad crónica, el estrés, los trastornos del sueño o los efectos secundarios de los medicamentos que se toman.
Los trastornos mentales merecen una atención especial.
Por ejemplo, en la depresión, la disminución del deseo sexual suele convertirse en una de las manifestaciones características de la enfermedad.
En algunos otros trastornos mentales, los cambios en el comportamiento sexual también pueden ser importantes, aunque no siempre se acompañan de una verdadera disminución de la libido.
En estas situaciones, la tarea del sexólogo es reconocer a tiempo un posible problema psiquiátrico y garantizar al paciente la atención especializada necesaria.
A veces es necesario el trabajo conjunto de un sexólogo y un psiquiatra y, en los trastornos mentales graves, la prioridad corresponde al tratamiento psiquiátrico.
Lo principal es recordar que la hipolibidemia es un síntoma detrás del cual pueden esconderse causas completamente diferentes.
Precisamente por eso, el tratamiento debe comenzar con una evaluación diagnóstica completa, y no con la prescripción de hormonas o estimulantes.
En la clínica «Liga» seguimos un principio sencillo: primero establecemos la causa del trastorno sexual y solo después elegimos la forma de eliminarla.