Ciclo 10·5 clips
Potenciación Sexual Con Pastillas
Clip №1. Fármacos erectógenos a demanda: historia de su descubrimiento
Clip 10.1
Fármacos erectógenos a demanda: historia de su descubrimiento
Antes de la aparición de los erectógenos modernos, en sexología se utilizaban ampliamente los llamados bioestimulantes.
Son preparados de acción no selectiva que aumentan la excitabilidad general del organismo, pueden intensificar la libido y, como consecuencia, mejorar en cierta medida la calidad de la erección.
Sin embargo, se caracterizan por una especie de efecto dopante. La mejoría clínica suele ser breve e inestable.
La auténtica revolución en la farmacología de la erección se produjo en los años noventa del siglo pasado.
En los laboratorios de la compañía farmacéutica Pfizer se investigaba el sildenafilo como medicamento para tratar enfermedades cardiovasculares. El efecto esperado resultó insuficiente, pero los investigadores descubrieron un efecto secundario inesperado: el medicamento mejoraba la erección.
Así surgió el sildenafilo y, más tarde, otros inhibidores de la fosfodiesterasa de tipo cinco, entre ellos el tadalafilo y el vardenafilo.
Ya no actúan como bioestimulantes generales, sino como erectógenos selectivos: potencian directamente el mecanismo natural de la erección cuando existe excitación sexual.
En los ensayos clínicos, determinados indicadores del éxito de la respuesta eréctil mejoraron aproximadamente entre veinticuatro y cuarenta y seis puntos porcentuales.
La aparición de los inhibidores de la fosfodiesterasa de tipo cinco transformó radicalmente la farmacología de la erección y redujo considerablemente el uso de los bioestimulantes tradicionales.
Comenzó una nueva era: la de los erectógenos que se toman a demanda.
Clip 10.2
Mecanismo de acción de los erectógenos a demanda
Los erectógenos a demanda pertenecen al grupo de los inhibidores de la fosfodiesterasa de tipo cinco.
Actualmente se conocen varios medicamentos de este grupo: sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo, avanafilo, udenafilo, mirodenafilo y lodenafilo.
Sus nombres son distintos y la duración de su acción también varía, pero su mecanismo principal es el mismo.
La excitación sexual pone en marcha el mecanismo natural de la erección. En los tejidos del pene se libera óxido nítrico que, a través del sistema del monofosfato de guanosina cíclico, favorece la relajación de la musculatura lisa de los cuerpos cavernosos.
Las arterias se dilatan, aumenta la entrada de sangre y se llenan los espacios de los cuerpos cavernosos: se produce la erección.
Pero existe una enzima, la fosfodiesterasa de tipo cinco, que degrada el monofosfato de guanosina cíclico y, de este modo, limita este proceso.
Los erectógenos a demanda bloquean temporalmente la fosfodiesterasa de tipo cinco. Como resultado, el mecanismo natural de la erección funciona con mayor intensidad y durante más tiempo.
Presten atención a un aspecto fundamental.
La pastilla por sí sola no genera excitación sexual ni provoca una erección automática. Para que actúe, es necesaria la estimulación sexual.
Precisamente por eso, los prospectos de estos medicamentos subrayan que, después de tomar la pastilla, siguen siendo necesarios la excitación sexual, las caricias previas y una situación sexual adecuada.
Sin embargo, si el paciente presenta ansiedad anticipatoria ante el fracaso sexual, se bloquea la excitación sexual y, en consecuencia, el deseo sexual.
Por eso, los erectógenos a demanda del grupo del sildenafilo tienen un buen efecto clínico en una situación sexual confortable.
Sin embargo, cuando el miedo al fracaso es intenso, su eficacia disminuye drásticamente.
En definitiva, los erectógenos a demanda no pueden producir una erección por sí solos: únicamente ayudan a que esta se produzca.
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Complicaciones de los erectógenos a demanda
Los erectógenos que se utilizan a demanda presentan un inconveniente fundamental: su acción sistémica sobre el organismo.
Al tomar un inhibidor de la fosfodiesterasa de tipo cinco para mejorar la hemodinámica de un solo órgano, el pene, intervenimos al mismo tiempo en la regulación fisiológica de otros territorios vasculares.
Tras su absorción, el medicamento pasa a la circulación general y ejerce su acción mucho más allá del órgano para el que se ha tomado.
De ahí los efectos secundarios conocidos: dolor de cabeza, rubor facial, congestión nasal, mareos y alteraciones digestivas y visuales.
Pero también existen riesgos considerablemente más graves.
Durante los primeros trece meses desde la aparición del sildenafilo en el mercado estadounidense, se registraron notificaciones de quinientos veintidós fallecimientos entre hombres que habían tomado este medicamento.
Quiero subrayarlo: hablamos de muertes registradas después del uso del medicamento, y no de quinientos veintidós casos de muerte cuya causa directa demostrada fuera el sildenafilo.
Especialmente peligrosa es la combinación de estos medicamentos con nitratos, que puede provocar una caída crítica de la presión arterial.
El uso de erectógenos a demanda en personas con enfermedades crónicas merece una atención especial.
En primer lugar, en la diabetes mellitus.
La diabetes se acompaña de alteraciones sistémicas del metabolismo, la microcirculación y la regulación nerviosa. En estas condiciones, la disfunción eréctil suele tener un origen complejo, con múltiples componentes.
A lo largo de nuestros años de trabajo en la clínica «Liga», hemos observado repetidamente que, en hombres con diabetes, la eficacia de los erectógenos orales disminuía de forma gradual, surgía la necesidad de aumentar la dosis y la calidad de la erección conseguida no respondía a sus expectativas.
Precisamente por eso, en mi práctica clínica mantengo el criterio de no considerar los erectógenos orales a demanda como el método de elección para tratar la disfunción eréctil en pacientes con diabetes mellitus.
Es una postura basada en nuestra experiencia clínica de muchos años.
Otra situación que merece atención es la de los hombres con drogodependencia.
En los hombres relativamente jóvenes de este grupo, los mecanismos vasculares de la erección a veces se conservan bastante bien, por lo que el sildenafilo puede proporcionar un efecto notable a corto plazo.
Esto favorece el uso repetido y, en ocasiones, descontrolado de los erectógenos a demanda.
Al mismo tiempo, la drogodependencia se asocia con frecuencia a la hepatitis C vírica crónica.
En nuestra práctica hemos atendido a hombres en los que coexistían la disfunción eréctil, el consumo de drogas, la hepatitis C crónica y el uso de erectógenos por su cuenta.
Estas combinaciones requieren especial precaución, ya que una alteración importante de la función hepática puede modificar el metabolismo de los medicamentos y aumentar el riesgo de efectos adversos.
Sin embargo, por sí sola, esta observación no demuestra que tomar erectógenos provoque la progresión de la hepatitis C.
Y aquí surge una pregunta fundamental.
¿Hasta qué punto está justificado someter todo el organismo a la acción sistémica de un medicamento para mejorar temporalmente la erección de un solo órgano?
Porque, además de la farmacoterapia sistémica, también existen métodos de tratamiento local de los trastornos eréctiles.
Pero ese es un tema independiente que abordaremos por separado.
Por lo tanto, al prescribir erectógenos a demanda, es necesario valorar tanto la potenciación esperada de la erección como las posibles consecuencias de la acción sistémica del medicamento sobre el conjunto del organismo.
Clip 10.4
Ventajas de los erectógenos a demanda
Los erectógenos que se utilizan a demanda ocupan un lugar especial en la erectología moderna.
Sin embargo, para comprender correctamente sus ventajas, primero hay que distinguir dos grupos de hombres.
El primero está formado por pacientes que presentan alteraciones persistentes de la función eréctil, malestar en su vida sexual y, con frecuencia, ansiedad anticipatoria ante el fracaso sexual.
El segundo está formado por hombres con una vida sexual satisfactoria, que no tienen problemas habituales de erección, pero que a veces desean potenciar sus capacidades sexuales.
Desde nuestro punto de vista, es precisamente para este segundo grupo para el que los erectógenos a demanda ofrecen ventajas prácticas especialmente interesantes.
Aquí es necesario subrayar una diferencia fundamental entre dos enfoques de la erectología farmacológica.
La farmacoterapia intracavernosa es un método de tratamiento de la disfunción eréctil.
Por su parte, el sildenafilo y los demás erectógenos orales a demanda permiten potenciar temporalmente el mecanismo natural de la erección cuando existe excitación sexual.
No los consideramos medios que eliminen las causas de la disfunción eréctil. Su principal ventaja reside en la posibilidad de potenciar la función eréctil en situaciones concretas.
Y aquí cabe una breve reflexión filosófica.
El desarrollo de la civilización humana exige constantemente que las personas adquieran nuevos conocimientos y habilidades.
Aprendemos a nadar, a conducir un automóvil y a utilizar un ordenador.
Cada una de estas habilidades amplía nuestras posibilidades y nos permite sentirnos más seguros en distintas situaciones de la vida.
El desarrollo de la farmacología moderna también ha abierto nuevas posibilidades en el ámbito sexual.
La aparición del sildenafilo permitió al hombre contar no solo con su capacidad eréctil natural, sino también, en determinadas circunstancias, potenciarla con un erectógeno a demanda.
Además, según nuestras observaciones clínicas, las posibilidades más interesantes de estos medicamentos se manifiestan precisamente en hombres con una vida sexual satisfactoria, que no presentan problemas habituales de erección.
En estos hombres se conservan los mecanismos naturales de excitación sexual, y un erectógeno a demanda puede potenciar aún más la respuesta eréctil.
Por eso consideramos útil que los hombres de hoy conozcan la existencia de esta posibilidad farmacológica.
Pero no basta con conocer el nombre del medicamento.
Es importante comprender cómo actúa en el propio organismo, hasta qué punto puede potenciar la erección y qué reacciones adversas puede provocar.
Porque la sensibilidad individual al sildenafilo no es igual en todos los hombres.
En algunos, el efecto adicional puede ser notable; en otros, escaso.
Además, incluso en ausencia de contraindicaciones conocidas, el medicamento a veces provoca dolor de cabeza, rubor facial, mareos y otras sensaciones desagradables.
Por eso, la decisión de realizar una prueba inicial con sildenafilo debe tomarse después de una valoración médica de las contraindicaciones, las interacciones farmacológicas y los riesgos individuales.
Si su uso es admisible, conviene que el primer contacto con sus efectos tenga lugar en un ambiente tranquilo, con la dosis acordada con el médico, en lugar de hacerlo justo antes de un encuentro sexual especialmente importante.
Esto permite valorar la tolerancia individual al medicamento y la posible potenciación de la respuesta eréctil.
Al mismo tiempo, el hombre debe comprender que el sildenafilo no provoca una erección automática. Para que actúe, es necesaria la excitación sexual.
Es igualmente importante recordar que una buena tolerancia en el primer uso no garantiza la ausencia de reacciones adversas en el futuro.
Por lo tanto, consideramos que la principal ventaja de los erectógenos a demanda es la posibilidad de potenciar temporalmente la erección natural sin necesidad de un apoyo farmacológico continuo.
Para un hombre con una vida sexual satisfactoria, esto puede representar un recurso adicional del que disponer en determinadas circunstancias.
El uso de estos medicamentos en pacientes con disfunción eréctil persistente debe abordarse de una manera muy distinta.
En estos casos, una mejoría temporal de la erección no significa que se hayan eliminado las causas del trastorno.
Especialmente si la disfunción eréctil se acompaña de una intensa ansiedad anticipatoria ante el fracaso sexual.
Por eso, los erectógenos a demanda no deben sustituir un diagnóstico completo ni el tratamiento del trastorno de base.
Así pues, consideramos el sildenafilo, ante todo, un erectógeno a demanda que ofrece la posibilidad de potenciar la función eréctil natural en situaciones concretas.
Porque la cultura sexual moderna implica conocer no solo las propias capacidades, sino también las posibilidades adicionales que ofrece la medicina.
Clip 10.5
Desventajas de los erectógenos a demanda
Los erectógenos a demanda presentan una serie de inconvenientes. Sin embargo, su importancia clínica depende en gran medida de quién toma el medicamento.
Para un hombre por lo demás sano, que no presenta problemas habituales de función eréctil, estos inconvenientes pueden tener relativamente poca importancia.
La situación es muy distinta cuando se trata de un hombre con enfermedades crónicas o alteraciones persistentes de la erección.
Veamos las principales desventajas de los erectógenos a demanda.
La primera es la falta de correspondencia entre la duración del acto sexual y el tiempo de acción del medicamento.
Supongamos que el encuentro sexual dura entre quince y veinte minutos.
Sin embargo, para ese acontecimiento breve, el hombre toma un medicamento cuyo efecto se mantiene durante mucho más tiempo.
En el caso del sildenafilo y el vardenafilo, el período durante el cual puede potenciarse la erección es de varias horas; en el del tadalafilo, puede alcanzar las treinta y seis horas.
Así, el acto sexual ha terminado hace tiempo, pero el medicamento sigue presente en el organismo y mantiene su actividad farmacológica.
Para un hombre por lo demás sano que toma un erectógeno a demanda de forma ocasional, esta característica no suele tener consecuencias clínicas importantes.
Sin embargo, en caso de diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, alteraciones de la función hepática o necesidad de tomar otros medicamentos de forma continua, una acción sistémica prolongada exige mucha más precaución.
Aquí importa tanto la duración de la acción como el estado del organismo sobre el que se ejerce.
La segunda desventaja son las posibilidades limitadas de los erectógenos a demanda ante alteraciones persistentes de la función eréctil.
Como ya hemos señalado, hay que distinguir entre un hombre con una vida sexual satisfactoria que desea potenciar su erección en determinadas circunstancias y un hombre que experimenta malestar sexual constante.
En el primer caso, el medicamento puede resolver con éxito una necesidad concreta de una situación determinada.
En el segundo, el problema suele ser mucho más complejo.
Especialmente si la disfunción eréctil se acompaña de ansiedad anticipatoria ante el fracaso sexual.
Porque potenciar farmacológicamente la respuesta vascular no significa eliminar los mecanismos psicológicos que alteran la erección.
Incluso cuando la acción del medicamento es suficiente, una ansiedad intensa y una excitación sexual insuficiente pueden impedir que se alcance el resultado esperado.
Además, el hombre puede acostumbrarse gradualmente a la idea de que, sin una pastilla, no es posible mantener una relación sexual satisfactoria. Así se forma una dependencia psicológica del apoyo farmacológico.
Por eso, los erectógenos a demanda pueden mejorar temporalmente la calidad de la erección, pero no garantizan la eliminación de las causas de una disfunción eréctil persistente.
La tercera característica es la necesidad de valorar previamente la tolerancia individual al medicamento.
Incluso en ausencia de contraindicaciones conocidas, los erectógenos a demanda pueden provocar reacciones adversas.
Por ejemplo, en los ensayos clínicos de sildenafilo se observó dolor de cabeza en entre el dieciséis y el veintiocho por ciento de los hombres, dependiendo de la dosis.
También pueden aparecer mareos, disminución de la presión arterial y otras manifestaciones de malestar.
Por eso conviene planificar el primer uso del medicamento con antelación, en un ambiente tranquilo, y no justo antes de un encuentro sexual importante.
La dosis debe haberse acordado previamente con el médico, y la valoración de la tolerancia no debe convertirse en una experimentación por cuenta propia con aumentos de dosis.
Este enfoque permite detectar a tiempo las reacciones adversas y evitar sorpresas desagradables durante el encuentro sexual.
Sin embargo, una buena tolerancia a la primera dosis no garantiza la plena seguridad de los usos posteriores.
Por último, no hay que olvidar la acción sistémica de estos medicamentos, sus contraindicaciones y las posibles complicaciones, que hemos analizado por separado.
Por lo tanto, las desventajas de los erectógenos a demanda no pueden valorarse al margen del estado del hombre que los toma.
Lo que para un hombre por lo demás sano puede ser una molestia de poca importancia, para un hombre con una enfermedad crónica o una disfunción eréctil persistente puede convertirse en una limitación importante.
Precisamente por eso, en erectología es importante no solo conocer las posibilidades del medicamento, sino también determinar correctamente a quién, cuándo y con qué finalidad prescribirlo.